| Una de las primeras teorías acerca de nuestro planeta que fue dada como
cierta durante muchos siglos, era que la tierra era una superficie plana y que
si se traspasaban los límites conocidos, los viajeros caerían
irremediablemente al vacío.
Estas creencias, junto con muchas otras hicieron que en la antigüedad hubiera
muy pocos aventureros dispuestos a viajar y descubrir nuevos lugares.
Tenemos noticias de que hace 3.000 años, hubo expediciones de comerciantes
fenicios que se aventuraron a viajar desde sus país hasta Europa y el
norte de África.
Ya en el siglo IV a.C., hubo un marinero griego, llamado Piteas, que cruzó
el estrecho de Gibraltar y llegó hasta la península Ibérica,
pasando después a la Galia, Britania, las islas Orcadas y Shetland y
descubrió lo que él llamó Tule (podría ser Islandia
o Noruega). Luego cruzó el círculo ártico. Regresó
por Dinamarca y al llegar relató su viaje, que todos consideraron que
era mentira por lo impresionante de su hazaña.
También hay constancia que muchos años antes de que los europeos
surcaran el Índico, este ya había sido recorrido por marineros
árabes y chinos.
El viajero por antonomasia fue Marco Polo, veneciano, que en 1271 decidió
viajar a Oriente.
Su padre y su tío ya habían viajado en 1250 hasta Mongolia para
establecer contactos comerciales.
Marco Polo recorrió Israel, Líbano, Siria, Irak, Armenia, el Himalaya
y llegó a Catay (China), allí vivió durante muchos años
y a su regreso relató las maravillas que había visto por el mundo.
En 1492 se inicia el periplo de los viajes de Colón, que ya contaba
para entonces con una amplia cartografía de las tierras conocidas y de
la inestimable ayuda de la brújula. Aunque este marinero realizó
varios viajes, murió sin saber que el sitio que había descubierto
era otro continente, que se trataba de América.
Tras su hazaña lo siguieron numerosos viajeros que querían ver
el nuevo mundo y desde entonces se inició una era donde los viajes fueron
cada vez más frecuentes.
En 1498 encontramos al portugués Vasco de Gama, que fue enviado por
el rey Manuel el afortunado a la India y consiguió completar con éxito
su viaje tras atravesar durante 23 días el Atlántico y el Índico.
Esta es sólo una muestra de los viajeros de la antigüedad más
relevantes, aunque no podemos olvidar que muchos pueblos realizaron viajes,
sobre todo con carácter comercial, a lo largo de la antigüedad.
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